Psiconeuroinmunobiología

LA MENTE CREA

Psiconeuroinmunobiologia, la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional.

El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos.”

“El mayor potencial es la conciencia.

Ver lo que hay y aceptarlo.

Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar.

Lo que se resiste persiste.

La aceptación es el núcleo de la transformación.

Sin fe en uno mismo hay temor,

el temor produce violencia,

la violencia produce destrucción,

por eso, la fe interna supera la destrucción.

Dr. Mario Alonso Puig

El doctor Mario Alonso Puig, autor de Reinventarse: tu segunda oportunidad, Vivir es un asunto urgente (2008) y Madera de líder (Empresa Activa 2204), me comentaba cierto día:

“Los primeros que llamaron la atención sobre esta curiosa forma de interactuar entre los seres humanos fueron algunos médicos griegos en el siglo IV a. C.. Se dieron cuenta de que en la simple interacción con los enfermos éstos mejoraban, aunque no entendían muy bien por qué ya que no utilizaban fórmulas especiales ni intervenciones quirúrgicas.

Percibían que ellos como médicos hacían algo, pero lo que hacían no era la base de la curación, sino algo que se activaba como consecuencia de lo que hacían; como realmente la única actividad que realizaban era hablar, llegaron a la conclusión de que la conversación tenía un poder especial para movilizar algo a nivel corporal y físico en los pacientes.

A este proceso lo denominaron el arte médico. El arte médico permaneció prácticamente desconocido durante mucho tiempo hasta que hace aproximadamente 30 años empezaron a tomarse más en serio algunos ejemplos de personas que mejoraban sin saberse muy bien cómo.

Entonces, el pensamiento y la conversación comenzaron a cobrar un gran protagonismo, y así nace la Psiconeuroinmunobiología, que establece una profunda conexión entre los procesos psicológicos, el pensamiento, el sistema nervioso y la biología.

Las investigaciones han constatado que ciertas formas de pensar activan o desactivan nuestro sistema de defensa frente a infecciones y tumores. Un pensamiento más positivo es capaz de fortalecer nuestro sistema inmunitario, mientras que un pensamiento negativo lo debilita volviéndolo más vulnerable.

Nuestra forma de pensar cambia nuestra constelación hormonal y hace que algunas hormonas presentes en sangre favorezcan la activación de células sanguíneas y otras lo dificulten. El pensamiento y la palabra son una forma de energía que tienen la capacidad de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos”.

Según se ha constatado en algunas investigaciones “un minuto entretenido en un pensamiento negativo deja al sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. En situaciones de ansiedad permanente donde se tiene la sensación de no controlar nada como consecuencia de pensamientos negativos que nos generan frustración, ira, temor, etc, se liberan unas hormonas llamadas corticoides que son muy útiles para ayudarnos a superar peligros porque afectan a nuestro sistema circulatorio y favorecen que el corazón trabaje con más potencia y que la sangre circule con mayor cantidad por nuestros músculos. Sin embargo, la secreción mantenida de corticoides tiene unos efectos demoledores, ya que al estar una persona en situación de ansiedad permanente, la segregación de estas hormonas es muy brusca y evita que nuestro sistema inmunitario trabaje de manera natural al no dejar actuar a los linfocitos NK (natural killer o asesino natural) cuya misión es destruir las células tumorales que el organismo genera por la propia reproducción celular”.

Según apuntaba Mario Alonso “la última década del siglo XX se denominó la década del cerebro. Se hizo una inversión económica muy fuerte tendente a desarrollar investigaciones con el objetivo de conocer mejor el funcionamiento del cerebro.

Como consecuencia de ello se diseñaron y perfeccionaron una serie de tecnologías, fundamentalmente dos, la tomografía de emisión de positrones y la resonancia funcional magnética, que por primera vez permitían ver qué pasaba en el cerebro de un ser humano no anestesiado cuando pensaba, lloraba o rezaba y qué procesos se ponían en marcha.

Fue sorprenderte comprobar el enorme dinamismo que tenía lugar en el cerebro y cómo originaba cambios hormonales, algo que hasta ese momento era bastante desconocido.

Por ejemplo, se estudió qué sucedía cuando un individuo se mantenía constantemente pensando de manera negativa y se pudieron observar cambios en el riego sanguíneo normal a ciertas zonas del cerebro que son básicas para los procesos de creatividad e imaginación, funcionando mucho peor.

De igual manera, las explicaciones científicas han revelado algo que todos sabemos intuitivamente: cuando el ser humano está equilibrado, contento e ilusionado funciona mucho mejor mentalmente”.

Esta es una entrevista que La Vanguardia Digital le realizó al Dr. Mario Alonso Puig quien es Médico Especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo, Fellow de la Harvard University Medical School y miembro de la New York Academy of Sciences y de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia.

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Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia:

son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo. “Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro.

La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando”. Hay que entrenar esa mente

 Tengo 48 años. Nací y vivo en Madrid. Estoy casado y tengo tres niños. Soy católico. Soy cirujano general y del aparato digestivo en el Hospital de Madrid. Hay que ejercitar y desarrollar la flexibilidad y la tolerancia. Se puede ser muy firme con las conductas y amable con las personas.

– Más de 25 años ejerciendo de cirujano. ¿Conclusión?

-Puedo atestiguar que una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma puede ir mucho más allá de lo que cabría esperar por su trayectoria.

– ¿Psiconeuroinmunobiología?

-Sí, es la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos.

– ¿De qué se trata?

-Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la constelación hormonal.

– ¿Qué tipo de cambios?

-Tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.

– ¿Tenemos recursos para combatir al enemigo interior, o eso es cosa de sabios?

-Un valioso recurso contra la preocupación es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro. Favorece la secreción de hormonas como la serotonina y la endorfina y mejora la sintonía de ritmos cerebrales entre los dos hemisferios.

– ¿Cambiar la mente a través del cuerpo?

-Sí. Hay que sacar el foco de atención de esos pensamientos que nos están alterando, provocando desánimo, ira o preocupación, y que hacen que nuestras decisiones partan desde un punto de vista inadecuado. Es más inteligente, no más razonable, llevar el foco de atención a la respiración, que tiene la capacidad de serenar nuestro estado mental.

– ¿Dice que no hay que ser razonable?

-Siempre encontraremos razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y esa es una línea determinada de pensamiento. Pero cuando nos basamos en cómo queremos vivir, por ejemplo sin tristeza, aparece otra línea. Son más importantes el qué y el porqué que el cómo. Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.

– Exagera.

-Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretación de la realidad.

– Más recursos…

-La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con transtornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades.

– ¿Podemos cambiar nuestro cerebro con buenas palabras?

-Santiago Ramon y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906, dijo una frase tremendamente potente que en su momento pensamos que era metáforica. Ahora sabemos que es literal: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.

-¿Seguro que no exagera?

-No. Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos.

– ¿Hablamos de filosofía o de ciencia?

-Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harward han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.

– ¿Cuál es el efecto de las palabras no dichas?

-Solemos confundir nuestros puntos de vista con la verdad, y eso se transmite: la percepción va más allá de la razón. Según estudios de Albert Merhabian, de la Universidad de California (UCLA), el 93% del impacto de una comunicación va por debajo de la conciencia.

– ¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

-El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona.

– La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente.

-Reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad primero ha de haber preparación, sino sólo hay automatismos. Cada vez estoy más convencido del poder que tiene el entrenamiento de la mente.

– Deme alguna pista.

-Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos “voy a hacer esto” y no lo hacemos alteramos físicamente nuestro cerebro. El mayor potencial es la conciencia.

– Ver lo que hay y aceptarlo.

-Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación.

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