Cultivar la paz interna es una práctica que empieza en las pequeñas cosas del día. El Maestro Jesús habla de hacer de la paz un hábito; el Arcángel Uriel explica cómo mantener una virtud en el mundo de los sentimientos, y el Mahá Chohán relaciona ese aprendizaje con la armonía que irradiamos.
Si quieres acompañar esta lectura con enseñanzas y decretos para tu aplicación diaria, en El Libro de la Presencia YO SOY reuní material para el estudio y la práctica.
Haz de la paz un hábito
Maestro Jesús
Yo vi a mi madre atraer esa paz y sostenerla después de mi Ascensión, cuando realizó ese maravilloso servicio de magnetizar las corrientes de Luz desde mi propio cuerpo ascendido al nuevo Orden Cristiano.
Ahora les ofrecemos, les ofrezco, ella les ofrece, el Gran Señor Gautama les ofrece nuestro poder para mantener la paz en las pequeñas cosas. Luego, cuando las grandes cosas vengan, su momentum habrá aumentado, su patrón habrá sido establecido y tendrán un hábito de sostener la paz. Un hábito es solo la repetición una y otra vez de ciertas actividades hasta que se construye un momentum.
¿No es ahora el momento de construir un hábito divino cósmico de los Seres Ascendidos perfeccionados, en vez de seguir con los hábitos de los seres humanos? Mientras que estamos reunidos aquí esta mañana, demos inicio al hábito divino y seamos verdaderamente hombres y mujeres en orden divino, trayendo paz a la Tierra.
Hagamos de nuestro hábito algo más que solo un vestido para cubrir la forma física. Hagamos de este hábito una actividad de nuestra naturaleza, en la que estuvo inicialmente diseñado el hábito de traer paz, el hábito divino de pronunciar palabras de naturaleza constructiva, el hábito divino de ver perfección, el hábito divino de rehusar entrar en la discordia.
Deja fluir la paz que recibes
Cada persona que ha sido criada en contemplación, que ha llegado a un punto de paz, que ha llegado a un punto de concentración unipuntual de mente, que ha sido humilde y desprendida en el servicio, ha llegado al punto de pasar a través del velo por un momento; y algunas han tenido la gloria de ver la Presencia y a la Hueste Angélica y los diversos miembros de su Reino.
La gran prueba consiste en traer de vuelta esa paz y bendición que se recibe en tales momentos de elevación y darla sin perder esa virtud, dejando que fluya desde ustedes.
Vivimos para crear este Reino del Cielo en la Tierra, y podemos crearlo únicamente estableciendo paz individual, colectiva y luego planetaria sobre la superficie de la Tierra. En la atmósfera alrededor de la Tierra se encuentra esta turbulenta energía en movimiento de la que les hablo, y sin embargo, en medio de todo eso, ¡una corriente de vida volviendo su atención hacia Dios, hacia mí o hacia cualquier Ser Divino puede traer suficiente paz de vuelta para sostener el balance para una comunidad, ciudad, estado o nación!
Practica con una virtud cada día
Arcángel Uriel
Yo, Uriel, vengo a la atmósfera de esta Tierra por invitación de sus habitantes. Estoy en medio de ustedes y traigo conmigo la plenitud del amor de Dios. Digo a su conciencia, a sus mentes y a sus cuerpos: «¡En el nombre del único Dios todopoderoso, que la paz sea con ustedes! Que la paz sea con su conciencia que se esfuerza, con sus mentes inquietas y con sus cuerpos cansados: la paz de Dios que sobrepasa el entendimiento de la mente externa». Dejen que entre ahora en cada célula y fibra de su ser y relájense, sabiendo que están inmersos en la presencia del Todopoderoso.
Así, por la experiencia misma, la Hueste Angélica crece, se desarrolla y aprende la alegría que hay en el servicio. A los ángeles se les permite ver el cambio en la conciencia del mortal a quien bendicen. La felicidad y la alegría que brillan en los ojos de estos pequeños son hermosas de contemplar cuando ven enderezarse una figura encorvada y llenarse de fe una conciencia que había perdido la esperanza.
Ustedes, que se esfuerzan por mantener al menos durante una parte del día alguna virtud en su conciencia para comunicarla a otros por contagio, pueden comprender en cierta medida la alegría de los ángeles cuando, en el trato con los demás, logran transmitir un poco de valor, de fe o de confianza a alguien con quien se encuentran en el curso de la vida diaria.
Entonces, con renovado vigor, regresan a la fuente de fe y confianza dentro de su corazón y piden allí la capacidad de irradiar esa cualidad en una esfera de influencia más amplia a su alrededor, dentro de su aura, y de mantenerla por más tiempo frente a la influencia de la mente colectiva.
Es una hermosa manera de experimentar con su energía: elijan cada día una cualidad que consideren que puede beneficiar a las personas de su entorno, en el hogar o en el trabajo. Luego, ajusten el «termostato espiritual» de su conciencia y de su mundo de los sentimientos a esa virtud. Sintonicen con los Seres Cósmicos que representan su momentum, y dirijan y mantengan esa virtud específica a través de su aura y su esfera de influencia, pese a las condiciones, apariencias y sombras que encuentren en el mundo externo.
La armonía que irradias a tu alrededor
Mahá Chohán
La paz individual, nacional, universal y cósmica se basa en la capacidad de cada miembro de la sociedad de controlar consciente y voluntariamente la calidad de la energía que entra en su atmósfera y órbita particular. Esa energía se irradia entonces hacia afuera y afecta al mundo del cual es parte.
Así como una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil, la paz de una familia, de una nación o de un planeta es tan duradera como lo permite el poder que tiene el miembro más ínfimo de su sociedad para perturbar su armonía. La educación de la raza humana en cuanto a su responsabilidad individual para entrar en un curso de autocontrol aplicado es el primer paso hacia una paz duradera, tal cual la tenemos en el Reino del Cielo.
En Los 7 Arcángeles y sus Poderosos Decretos del YO SOY encontrarás enseñanzas y llamados al Arcángel Uriel. También puedes consultar el catálogo completo y elegir la lectura que acompañe tu práctica.












