El cielo en la Tierra

Querida Madre Tierra:

Hay quienes caminan sobre ti buscando la tierra prometida,
sin darse cuenta de que tú eres ese prodigioso lugar
que hemos estado buscando toda nuestra vida.

Tú ya eres un extraordinario y maravilloso Reino de los Cielos.

Tú ya eres la Tierra Pura en la que incontables budas y bodisatvas del pasado se manifestaron, alcanzaron la iluminación y enseñaron el dharma. No necesitamos imaginar una Tierra Pura de Buda en Occidente ni un Reino de Dios en lo alto,  al que iremos cuando muramos.

El reino de los Cielos está aquí, en la Tierra. El Reino de Dios está aquí y ahora.

No necesitamos morir para entrar en el Reino de Dios. De hecho, muy al contrario, necesitamos estar muy vivos.

En cada paso podemos tocar el Reino de Dios. Cuando conecto profundamente, ahora mismo, en la dimensión histórica, con ese reino,  estoy en contacto con la Tierra Pura, con lo último y con la eternidad.
En profundo contacto con la Tierra y los milagros de la vida, conecto con mi verdadera naturaleza.

 ¿No pertenecen acaso la exquisita flor de la orquídea, el rayo de sol y hasta mi milagroso cuerpo, al reino de Dios?

Si miro profundamente la Tierra, ya sea una nube suspendida en el cielo o la caída de una simple hoja, puedo ver la naturaleza de no nacimiento y no muerte de la realidad.

Tú, querida madre, nos trasladas a la eternidad. Nunca hemos nacido y nunca moriremos.

Cuando entendamos esto, podremos valorar y disfrutar plenamente de la vida, sin miedo a la vejez ni a la muerte, sin quedarnos atrapados en complejos sobre nosotros y querer que las cosas sean diferentes a como son.

Ya somos -y siempre hemos sido- lo que estamos buscando.

El Reino de los Cielos no existe fuera de nosotros, sino dentro de nuestros corazones. Que seamos o no capaces de conectar con el Reino de Dios en cada paso, depende de nuestra manera de mirar, de nuestra manera de escuchar y de nuestra manera de caminar.
Cuando nuestra mente está tranquila y el paz, el mismo suelo que hollamos se convierte en un paraíso.

Hay quienes dicen que en su cielo no hay sufrimiento, pero… cómo podría, en ausencia de sufrimiento, haber felicidad? Necesitamos abono par que las flores crezcan y lodo para que florezca el nenúfar. Y necesitamos también dificultades para poder superarlas.
La iluminación es siempre iluminación de algo.

Me comprometo, querida madre, a cultivar esta forma de mirar.
Me comprometo a ejercitar la mirada atenta, aquí y ahora, hasta poder tocar día y noche la Tierra Pura, el Reino de Dios.
Hago el voto de tocar, en cada paso, la eternidad.
Hago el voto de tocar, en cada paso, el cielo en la tierra.

Thich Nhat Hanh

 

 

Thich Nhat Hanh es poeta, maestro Zen, y activista por la paz. Autor de 75 libros, que incluyen ‘Buddha Viviente, Cristo Viviente’, ‘Siendo Paz’, y ‘La Paz es cada Paso’, fue nominado al Premio Nobel de la Paz por Martin Luther King Jr. Exiliado de su país natal, Vietnam, desde 1966, vive en Plum Village, la comunidad de meditación que fundó en el suroeste de Francia. Ahí escribe, enseña, jardinea y practica el caminar con presencia mental.

 

 

 

He llegado, estoy en casa, en el aquí en el ahora, soy sólido, soy libre, en lo trascendental permanezco.

 

 

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