Decreto para sanar las heridas de odio

Aparta como diez minutos cada día, siéntate y dile a tu “Magna Presencia YO SOY” algo como esto: “Magna Presencia de Dios YO SOY, escucha, saca de mí toda crítica, culpa condenatoria, resistencia, juicio, rebelión, celos, auto-lástima, orgullo, egoísmo, duda y miedo. Sácalos de mí y aniquílalos, y en su lugar coloca el Auto-Control y Dominio de Saint Germain.”

Sé tan leal como puedas a la sanación de la angustia del cuerpo físico, pero recuerda pasarte la mayor parte del tiempo sanando las heridas de odio.

 Y para toda sensación de cansancio:

“¡Absorbo la Magna Presencia y Energía de mi Ser Divino, y ésta se expresa como alerta, júbilo y actividad abundante en mi vida externa y asuntos!  ¡Dios e mi Energía, expresándose ahora mismo en mi actividad externa!”

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