Las relaciones de hermandad

“Has encontrado a tu hermano, y cada uno de vosotros alumbrará el camino del otro. Y partiendo de esa luz, los Grandes Rayos se extenderán hacia atrás hasta la oscuridad y hacia adelante hasta Dios, para desvanecer con su resplandor el pasado y así dar lugar a Su Eterna Presencia. En la que todo resplandece en la luz» (Un Curso de Milagros, T-18.III.8:5)

Si te dieras cuenta de que cada vez que te encuentras con alguien es contigo mismo con quien te encuentras, te aseguro que tus relaciones serían totalmente distintas. Si recordaras que aquel con quien te encuentras acaba de llegar del cielo y que lo que tú percibes no son más que tus propios juicios que impones sobre él, cada encuentro sería un ofrecimiento del amor completo, que es aquel con quien te encuentras. Seguimos creyendo que hay alguien externo a nosotros con quien nos estamos relacionando, pero no es así.

Es posible que aún no hayas tenido esa evidencia. No obstante, podrás reconocer que cuando te encuentras con alguien, de lo único que eres consciente es de tus propios pensamientos acerca de él. Lo único que experimentas son los sentimientos que sientes por esa persona, producidos por los pensamientos que tú tienes de ella. Todo eso ocurre en tu mente. Estás tomando todas esas decisiones en función de la calidad de los pensamientos y emociones que experimentes con quien te relacionas; entonces decidirás acercarte o distanciarte. Pero en realidad, esa decisión que tomaste no tiene nada que ver con la persona que ves, sino con lo que tú has decidido previamente que esa persona es.

No eres libre en ningún momento porque estás sometido a tu forma de pensar y de ver el mundo. Creemos que ser libres es usar libremente nuestras ideas y defenderlas y no nos damos cuenta de que somos esclavos de ellas. No vemos que ser libres es cruzar o pasar por alto esos pensamientos que están fundamentados en experiencias pasadas y que no tienen nada que ver con el presente. Al hacer esto nos sometemos a vivir el presente como todo lo vivido en el pasado, en lugar de ser libres de vivirlo como es en realidad.

Cuando soy consciente de quién soy, todo aquello con lo que me relaciono es conmigo mismo. En ese momento soy totalmente responsable de lo que pienso y siento sobre la persona que veo delante de mí. Esa persona me muestra lo que yo estoy pensando de mí mismo y cómo es mi relación conmigo. Desde ese punto todo es muy intenso. No hay filtros. Cada pensamiento se vive con totalidad.

Cuando siento algo que no es plena felicidad, me detengo y espero a verlo de otra manera. Toda la ayuda del universo está allí para que ese cambio de percepción se dé. Sólo requiere que yo deje de tratar de relacionarme a mi manera, creyendo que sé quién es o cómo es la persona que tengo delante. En este mundo de reflejos no sabemos nada. No vemos nada tal cual es en realidad en ese momento. Aquí aprendemos a relacionarnos a través de las experiencias pasadas y nunca dejamos que una relación sea totalmente verdadera, completamente enmarcada en el presente, limpia de nuestros pensamientos de separación.

Cada encuentro te ofrece esa oportunidad de extender tu reconocimiento. Una mente despierta no se detiene a observar cómo está siendo una relación. Su deseo de ver sólo amor es superior a los juicios que lo evitan. Una mente iluminada está relacionándose con tu esencia, sin importarle quién crees ser; de esta forma es libre de sentir sólo amor, pues no depende de con quién se encuentre, sino de su propia decisión. Es muy probable que te parezca más fácil experimentarlo con algunas personas que con otras, pero llega un punto en el que no te detienes a valorar esto; lo único que deseas es sentir tu Ser con cada encuentro.

Dios aparece en este mundo cuando sientes amor por el otro. Es sólo en ese momento cuando Dios se reconoce a Sí Mismo, pues Él es amor.

¿Puedes imaginar la felicidad que sientes cuando amas a todos totalmente?

¿Sabes que el amor siente siempre amor por aquel que tienes delante?

¿Sabes que tú eres amor y que si sientes otra cosa es sólo porque no estás alineado con tu identidad?

¿Sabes que no eres feliz cuando no sientes amor y que no sentir amor procede de una decisión tuya?

Sólo si te apartas a un lado y dejas que lo que eres en realidad se exprese, entonces puedes contestar «sí» a estas preguntas. Todo pensamiento que aparece en tu mente que te diga que no puedes hacer eso o que es muy difícil, incluso imposible, o que es una utopía viene del ego y no tiene ningún poder sobre ti si así lo decides.

Del libro: Un puente a la realidad – Sergi Torres

Toma a tu hermano de la mano, pues no es éste un camino que recorremos solos.

En él yo camino contigo y tú conmigo” 

 

“La Voluntad del Padre es que el Hijo sea uno con Él”

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